En la vida volamos como pájaros, recorriendo cielos, atravesando tormentas, brillando junto al sol, manteniendo el camino y desviándonos hacia otros destinos. A veces damos vueltas en espiral, sin encontrar un lugar hacia donde viajar. Otras veces aleteamos con seguridad, firmes en nuestra idea de avanzar.En ese largo camino nos cruzamos con otros pájaros como nosotros. Cada uno con su propio camino.
Algunos permanecerán cerca nuestro durante un corto tiempo, donde nos enseñarán cosas nuevas. Ellos perdurarán en nuestra memoria por varios años, hasta que algunos lleguen a ser olvidados, pero siempre quedará marcado aquello que pudimos aprender de ellos.
Hay otros, en cambio, que volarán cerca nuestro, quizás nos lleven cierta distancia, pero siempre donde podamos verlos. Probablemente los obstáctulos de la vida nos alejen y acerquen en diferentes momentos, pero jamás se irán de allí, ni siquiera cuando las nubes los hicieran sentir separados.
Por último, hay tan sólo un pequeño número de pájaros que irán pegados a tí, siguiendo cada una de tus elecciones, llevándote con ellos cuando cambien de dirección, sin permitirse perderse un minuto de tu vida. Ellos estarán en cada decisión que tomes, en cada caída en picada que te suceda, en el centro de tus espirales para ayudarte a seguir, y en tus mayores aleteadas para avisarte lo que te espera adelante, mientras te demuestran su confianza en cada movimiento de sus alas. De ellos aprenderás, así como ellos aprenderán de vos.
Cada uno de estos pájaros son tan valiosos que marcarán de alguna forma nuestro andar.
Yo tuve la suerte de encontrar muchos amigos en el camino que llevo recorriendo. Amigos que, como estos pájaros, cada uno significa un nuevo latido de mi corazón. Conocí algunos que siguieron su propio camino, pero que fueron tan valiosos que agradezco haberlos cruzado. Hay otros en cambio que hoy en día siguen enseñandome. Quizás no sean esas personas que estén por siempre en mi vida, y tampoco las que más me acompañen ahora, pero me muestran un sentido, me guían hacia mi camino, y se ganan una parte de mi corazón. Y por último tengo aquellos amigos amados, esos inseparables, los que comparten conmigo su vida entera. Ellos son los que elijo para no perder, los que deseo no dejar de querer, los que vuelan tan cerca, que siento que ya son parte de mí.




