
Y te fuiste… un día agarraste tu valija, la llenaste de los besos, los abrazos, los recuerdos que no podrías olvidar. Tiraste a la basura todo aquello que no entraba, como los errores que cometiste, las traiciones que compraste y los versos que me dijiste. Me dejaste acá en la casa la culpa de tu despedida, el enojo por lo que sentías, la frialdad de tu último adiós. Ya las paredes murmuran tus palabras, aquellas que no supiste guardar durante esa noche de primavera, donde los jazmines nos engañaban, haciéndonos creer que pronto florecerían nuevos horizontes, mientras que aquí adentro solo se marchitaban nuestras rosas, con un aire a poca cosa y en un frío invernal.


