Un espacio para gritar lo que siempre hace falta gritar,
porque todos tenemos algo que no sabemos cómo expresar.
Para poner la mayúscula inicial, la coma, y el punto final.

viernes, 30 de abril de 2010

Si hoy me canso de decir, es porque ya dije demasiado.

jueves, 22 de abril de 2010

Las tabletas de chocolate.



Hoy tuve la oportunidad de viajar en dos clases de trenes.

Primero, el llamado "Trencito de la Alegría", contratado para transportar a un grupo de chicos, recién salidos de su escuela privada, y llevarlos hasta la casa de uno de ellos, que estaba cumpliendo, hoy mismo, 4 años. Los vi reirse, pelearse, y hasta llorar al propio cumpleañero porque se le había caído al piso el chupetín que recién le habíamos regalado. Por suerte yo traía uno de más, y se le fueron rápido las lágrimas. Al segundo ya estaba de vuelta empujando al compañero de al lado, o gritando que quería otro chupetín, o que quería llegar a su casa, o que esperaba que la madre no se haya olvidado de ponerle los caramelos a la piñata grande que él había elegido. A las chicas yo las llamaba diciendo "Princesa sentate que tengo una sorpresa!!", y a los chicos era un fuerte "Vení campeón!!!".

Cuando el cumpleaños terminó, el protagonista del día quedó contento, y con muchas pilas para seguir corriendo por su enorme jardín, subirse a su hermosa casita del árbol, abrir los regalos que le habían dado, y comer muchos chupetines y chocolates más.

Más tarde, me subí al tren Sarmiento, mi querido transporte público, que por más degradado que esté, me hace llegar rápido a mi facultad privada, que agradezco poder pagar.

Estaba en el segundo vagón, cuando pasó un vendedor de chocolates. El precio era 2 paquetes x $2. Me tentó, como todos los dulces, pero después me di cuenta que tengo que ahorrar plata para un viaje que me quiero hacer, así que decidí no comprarlo. Pero cuando estaba esperando a que el vendedor pase a buscarlos, una chica de unos 5 años pasó por al lado mío ofreciendome una tarjetita de esas de amor, que nunca pueden faltar en el tren. Le dije que no, le agradecí de todas maneras, y ella guardó la tarjeta y me preguntó si podía comprarle un chocolate. Vi su cara de hambre, su manera de pedir perdón con la mirada, y escuché su grito ahogado pidiendo ayuda. El vendedor volvió, y yo le di esos $2 sin dudar, mientras le regalaba a la princesita apagada que tenía a mi lado esas dos tabletas de chocolate. Sus ojos brillaron como si le estuviera regalando una casa y un viaje alrededor del mundo. Tan sólo eran dos tabletas de chocolate, de esas que a el chico del "Trencito de la Alegría" le habían sobrado miles y miles, y algunas hasta se las dio al perro. Eso que a el chico "le daba igual", eso que para él valía tan poco, para la chica significó la comida del día, y el regalo del mes.

Tan sólo pensemos en qué injusto es el mundo, en qué injustos somos nosotros a veces, qué egoístas. Me pregunto por qué llamamos "princesa" a aquella rubiecita de ojos claros salida del colegio privado, y que viaja en el "Tren de la Alegría", y no a aquella chica con ropa sucia, que trabaja en el Sarmiento, pero que tiene los mismos derechos y muchos mejores sueños que cualquiera de los demás.

Hoy voto por hacer algo, hoy rezo por esos chicos que no buscaron estar donde están, y hoy elijo brindar por sus sonrisas, para que nunca se apaguen.

jueves, 15 de abril de 2010

Sentí intensamente.


Pintá en tu lienzo tu corazón,
yo prometo estar ahí para admirarlo.
Dispuesta a ser la que soy.
Hoy aprendí que queda mucho por ganar.
Dejá tu cuerpo a un costado
y entregame tu alma una última vez.
Sentite bien, dejate ir.
Soñando y luchando se llega a la cima.
Permitite Intentar.
No importa qué tan lejos mires,
importa la intensidad con que lo hagas.
No hay sólo espinas en la rosa.
Disfrutá el atardecer,
quizás ya no queden mañanas.
No tendrás que cerrar los ojos,
sólo mirar hacia otro lado.
Oirás muchas palabras y juntarás muchos momentos,
pero solo los verdaderos quedarán ahí.
Entendé que no elige el cerebro,
sino el corazón,
y que con compañía late mejor.. ♥

viernes, 9 de abril de 2010

Dejemos suceder.


Dejemos de creer en la suerte,
dejemos que la suerte crea en nosotros,
dejemos que los otros nos vean convencidos,
dejemonos convencer por el esfuerzo,
dejemos que el esfuerzo sea parte del día a día,
dejemos que cada día nos regale algo nuevo,
dejemos que lo novedoso nos sorprenda,
no nos dejemos paralizar por aquello desconocido,
porque quizás es eso, lo que tanto estuvimos esperando.

lunes, 5 de abril de 2010


Cristales líquidos decienden por mis mejillas mientras recuerdo tus hoyuelos y tus dulces arrugas marcarse con suavidad mientras nosotras jugábamos a nuestro mundo ideal y desconocíamos qué cambios nos podía deparar el futuro. Ni vos sabías qué pasaría, pero tenías muy en claro que ahí éramos felices. No había cielo más hermoso que el techo de tu casa, ni una voz más tranquilizante que la tuya susurrando nuestro cuento preferido, que hoy todavía sabemos recitar a corito.

No quisiste borrar las marcas de mis manos cubiertas de chocolate del vidrio de tu casa, luego de aquel domingo de pascuas de esos lindos tiempos; y hoy soy yo la que no quiere borrar tus besos pajarito de mis cachetes que te extrañan como siempre, como nunca.

Nacimos sabiendo cuál es la ley de la vida, pero a veces no puedo dejar de renegar. Tantos años soñando tu abrazo, ese que marcaste en mi piel el último día en que te vi, ilusionando aquel esperado 21 de abril. Aunque nunca sentí la ausencia de tu corazón, son tus ojos los que extraño con tanto dolor; esos oídos sordos que eran capaces de escuchar hasta el mínimo grito de auxilio de nosotros; esas palabras de aliento que nos hacían luchar hasta el último momento.

Gracias por regalarme la vida, el amor, y la dulzura de una abuela dedicada a ser y hacer feliz. Conmigo lo conseguiste, y nunca te voy a olvidar. TE AMO ABE ♥.