Cristales líquidos decienden por mis mejillas mientras recuerdo tus hoyuelos y tus dulces arrugas marcarse con suavidad mientras nosotras jugábamos a nuestro mundo ideal y desconocíamos qué cambios nos podía deparar el futuro. Ni vos sabías qué pasaría, pero tenías muy en claro que ahí éramos felices. No había cielo más hermoso que el techo de tu casa, ni una voz más tranquilizante que la tuya susurrando nuestro cuento preferido, que hoy todavía sabemos recitar a corito.
No quisiste borrar las marcas de mis manos cubiertas de chocolate del vidrio de tu casa, luego de aquel domingo de pascuas de esos lindos tiempos; y hoy soy yo la que no quiere borrar tus besos pajarito de mis cachetes que te extrañan como siempre, como nunca.
Nacimos sabiendo cuál es la ley de la vida, pero a veces no puedo dejar de renegar. Tantos años soñando tu abrazo, ese que marcaste en mi piel el último día en que te vi, ilusionando aquel esperado 21 de abril. Aunque nunca sentí la ausencia de tu corazón, son tus ojos los que extraño con tanto dolor; esos oídos sordos que eran capaces de escuchar hasta el mínimo grito de auxilio de nosotros; esas palabras de aliento que nos hacían luchar hasta el último momento.
Gracias por regalarme la vida, el amor, y la dulzura de una abuela dedicada a ser y hacer feliz. Conmigo lo conseguiste, y nunca te voy a olvidar. TE AMO ABE ♥.

No hay comentarios:
Publicar un comentario